Estamos de canadienses hasta aquí (Las compañias canadienses en Colombia)

Publicado: 20 mayo 2011 de blades en Cuestión Rural y ambiental, Derechos humanos, transnacionales
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Andrés Hurtado, columnista de EL TIEMPO.

    Me acordaba yo en estos días de una serie de refranes que hablan de la desgracia infinita de los pobres, a los que todos los males les caen encima: “Al que nació para burro, del cielo le cae la enjalma”. “Al que nació pa’ tamal, del cielo le caen las hojas”. “Al que ha de morir a oscuras, aunque su madre haga velas”. “Al pobre y al feo todo se les va en deseo”. Eso le está pasando a Colombia con poderosas compañías extranjeras que pusieron sus ojos en nosotros, no para ayudarnos sino para esquilmarnos.

    Últimamente nos “la veló”, como se dice comúnmente, Canadá, para llevársenos tanto el oro como nuestras maderas y destruir de hecho nuestros páramos y nuestros bosques. Tanto, que habría que incluir entre los límites de Colombia los que tenemos con Canadá. Como en su tierra de origen, el superdesarrollado Canadá, no los dejan aporrear y destruir el Medio Ambiente, entonces buscan paisillos de segunda y tercera clase (según su concepción, desde luego) para esquilmarlos y enriquecerse. Entonces concluimos que los páramos de Colombia, como Santurbán, limitan con Canadá y sus compañías mineras, como la Greystar y las selvas tropicales del Pacífico colombiano, limitan, otra vez, con Canadá, con compañías madereras como la Rem International, que tiene filial colombiana.

    Esta empresa, me aseguran, negoció con el consejo comunitario Los Delfines, en predios de Bahía Solano, para explotar 300.000 árboles maderables. Este era el negocio original, que abarcaba 44.596 hectáreas. Ahora pretenden, según un comunicado de la empresa del 4 de marzo del 2011, ampliar la tala hasta 800.000 hectáreas. Me aseguran que debieron sobornar a la comunidad negra y le ofrecieron 10 dólares por cada metro cúbico de madera, que en el mercado internacional se cotiza entre 800 y 900 euros.

    La ley entrega sus tierras a las comunidades negras e indígenas para su uso y aprovechamiento sostenible, pero no para hacer estos negocios indignos y deplorables. Me dicen que ahora, con la tala de la madera, están desplazando de su territorio a comunidades indígenas.

    Otra circunstancia que indigna a la comunidad negra y a los residentes de la zona es que la empresa ha plantado la bandera canadiense en las playas y no dejan circular por ellas a los nativos. Digna de todo encomio es la labor del abogado Juan David Ceballos, que con verdadero celo colombianista y ambientalista está denunciando los atropellos de la empresa.

    Ya se han hecho manifestaciones contra la Rem International en ciudades como Barranquilla, Cali, Bogotá, Bahía Solano, Medellín, Ibagué y también en Vancouver (Canadá). La gente de la región tiene sobrados motivos para sospechar que, además de la madera, la empresa busca uranio, oro y coltán, pues tienen arrumados 3.000 metros cúbicos de madera pudriéndose en la selva y no los han sacado.

    Animo a los ciudadanos de Medellín, Quibdó y Bahía Solano a que imiten a los bumangueses, que se manifestaron mayoritariamente contra la Greystar, que pretende destruir el páramo de Santurbán y la tienen, hasta ahora, a raya. Lo mismo se puede y se debe hacer contra la Rem. Esta empresa pretende destruir nuestra selva. ¡Lo que faltaba en estos tiempos de máxima conciencia ecológica! (¿Dónde está Minambiente?)

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